Un nuevo informe del Observatorio Europeo del Mercado de Productos Pesqueros y Acuícolas (EUMOFA) muestra cómo una serie de crisis —la pandemia de COVID-19, el Brexit y la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania— han transformado el sector pesquero y marisquero de Europa.
Entre 2019 y 2024, la cadena de suministro de productos del mar en Europa sufrió tres grandes crisis en rápida sucesión. Primero, la pandemia de COVID-19, que provocó el cierre de restaurantes y la interrupción del transporte mundial. Luego, el Brexit, que añadió nuevos controles fronterizos y retrasos entre la UE y el Reino Unido. Finalmente, la guerra de agresión rusa contra Ucrania disparó los precios de la energía.
Cada uno de estos acontecimientos afectó al sector de diferentes maneras, pero en conjunto crearon una «tormenta perfecta». Las cadenas de suministro se vieron interrumpidas, los costes aumentaron drásticamente y los hábitos de consumo cambiaron de forma impredecible.
Desde fresco hasta congelado
Durante la pandemia de COVID-19, la demanda de pescado fresco cayó drásticamente debido al cierre de los restaurantes. Al mismo tiempo, las ventas en los supermercados se dispararon. La gente empezó a comprar más pescado congelado y enlatado, productos que duran más y son más fáciles de almacenar.
Este cambio no se revirtió por completo tras la pandemia. Incluso hoy en día, muchos hogares siguen priorizando la comodidad y la asequibilidad. Ante el aumento de los precios, los consumidores se han vuelto más cautelosos, optando a menudo por alternativas más económicas o reduciendo su consumo de mariscos.
Nuevas cargas administrativas y control con el Brexit
El Brexit trajo consigo cambios estructurales y de mayor duración. A partir de 2021, la reducción de las cuotas de pesca, los nuevos controles sanitarios y el aumento de trámites burocráticos hicieron que el comercio fuera más complejo y costoso. Los productos frescos y refrigerados fueron los más perjudicados, ya que las demoras en las fronteras interrumpieron los sistemas de entrega rápida.
Si bien el apoyo de la UE ayudó a cubrir algunos costos inmediatos, especialmente en Irlanda, los Países Bajos, Bélgica y Francia, los requisitos administrativos siguieron siendo más elevados, sobre todo para las pequeñas empresas y los Estados miembros de la UE. Para muchas empresas, el cambio de rutas de transporte, incluida la menor dependencia del corredor terrestre del Reino Unido, se convirtió en un ajuste permanente en lugar de temporal.
Guerra de agresión rusa contra Ucrania: el alto costo de la energía
Los barcos pesqueros dependen en gran medida del combustible. Las piscifactorías necesitan electricidad para el funcionamiento de las bombas y los sistemas de alimentación. Las plantas procesadoras dependen de la energía para la refrigeración, el envasado y el transporte. Cuando los precios de la energía se dispararon después de 2022, el impacto se extendió por todo el sistema.
¿El resultado? Un aumento en los costos operativos de los buques pesqueros, las instalaciones de acuicultura, las plantas procesadoras, el almacenamiento en frío y el transporte. Estos costos crecientes, sumados a la alta inflación, redujeron el poder adquisitivo de la población, lo que los llevó a optar por productos del mar más económicos y con una vida útil más prolongada.
La crisis ha puesto de manifiesto la importancia de la energía para la competitividad y la resiliencia. El sector acuícola de la UE sigue siendo muy sensible a los precios del combustible y la electricidad, así como al transporte de alto consumo energético, lo que evidencia su dependencia de los combustibles fósiles. Para aumentar su resiliencia, el sector necesitará no solo cadenas de suministro más diversificadas y una producción sostenible, sino también una transición energética más decisiva en flotas, acuicultura, procesamiento y almacenamiento en frío.
Un sector que se adapta
A pesar de estos desafíos, el sector pesquero ha demostrado resiliencia. Las empresas se han adaptado, centrándose cada vez más en productos congelados, preenvasados y de valor añadido para afrontar mejor la incertidumbre del mercado y las interrupciones en el transporte.
La digitalización también creció rápidamente: las ventas en línea, los canales de venta directa al consumidor y las herramientas de trazabilidad digital se hicieron más comunes.
Las cadenas de suministro se diversificaron, reduciendo la dependencia de las rutas de tránsito del Reino Unido y, en algunos casos, de las materias primas rusas. Al mismo tiempo, aumentó la inversión en almacenamiento en frío, automatización y tecnologías de eficiencia energética, impulsada por el aumento de los costes y los objetivos de sostenibilidad de la UE.
La nueva normalidad
En general, el sector pesquero y acuícola de la UE se ha vuelto más adaptable, más digital y más consciente de los riesgos que antes. Sin embargo, ahora opera en un entorno muy diferente, con mayores costes, relaciones comerciales modificadas y consumidores más sensibles a los precios.
Es improbable que se vuelva a la situación anterior a 2020. En cambio, el sector se está adaptando a una nueva normalidad, donde la resiliencia, la sostenibilidad y la diversificación ya no son solo respuestas a las crisis, sino factores clave para la competitividad a largo plazo y la seguridad del suministro.
2026: la situación en Oriente Medio
Si bien el estudio no abarca el año 2026, es importante mencionar que la situación en Oriente Medio desde el 28 de febrero de 2026 ha perturbado gravemente los mercados mundiales de energía y materias primas.
Los ataques contra la infraestructura energética y las importantes perturbaciones en el estrecho de Ormuz han provocado un aumento repentino y significativo de los precios mundiales del petróleo y han afectado los flujos comerciales internacionales. Estas perturbaciones están teniendo un impacto sustancial y duradero en el sector pesquero y acuícola de la UE.
Para apoyar al sector pesquero y acuícola de la UE, la Comisión Europea ha activado el mecanismo de crisis del Fondo Europeo Marítimo, Pesquero y Acuícola (FEMA). Este mecanismo permite a los países de la UE ofrecer compensaciones económicas a pescadores, productores acuícolas, procesadores y minoristas cuyos medios de subsistencia se han visto afectados por las consecuencias del conflicto en Oriente Medio. La última vez que se activó este mecanismo fue en 2022, tras la guerra de agresión rusa contra Ucrania.
Las medidas de apoyo de emergencia, introducidas el 16 de abril y de aplicación retroactiva desde el 28 de febrero de 2026, fueron preasignadas en el marco del programa EMFAF 2021-2027, lo que deja alrededor de 760 millones de euros de los 1.300 millones iniciales aún disponibles de inmediato.
La crisis de 2026 pone de manifiesto, una vez más, la vulnerabilidad estructural de un sector dependiente de los combustibles fósiles. Acelerar la transición energética sigue siendo fundamental para la competitividad, la resiliencia y la rentabilidad a largo plazo del sector pesquero y acuícola de la UE.
Más información: Comisión Europea.







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